
Observadores de los sistemas educativos notaron hace décadas prácticas anómalas en el uso de los recursos: nombramientos, utilización y pago de maestros en Brasil; plazas fantasmas de maestros en Indonesia; producción y distribución de libros de texto en Filipinas; uso privado de carros oficiales de la educación pública en Haití o el caso de escuelas técnicas y vocacionales de países en desarrollo que reciben fuera de tiempo grandes cantidades de equipo y materiales así como computadoras inservibles. “De cualquier manera, la corrupción en educación ha sido cuidadosamente ignorada por varias décadas (y permanece)”, anota el informe.
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El panorama que ofrece el informe
Corrupt schools, corrupt universities: What can be done? (Escuelas corruptas, universidades corruptas: ¿qué se puede hacer?) del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIEP, por sus siglas en inglés), de
Unesco, refleja una realidad que involucra tanto a países del primer mundo como a los en vías de desarrollo. La educación, evidencia el documento, es un recurso en peligro. En muchos casos la calidad es baja, la eficiencia débil, la relevancia cuestionable y las pérdidas significativas, mientras que los propósitos y objetivos por lo general no son claros. Este vicio abarca varias actividades: nepotismo, clientelismo, sobornos, extorsión y malversación de fondos.
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“Hay una amplia variedad de ámbitos en el sector de la educación que pueden ser afectados por la corrupción, incluyendo el financiamiento; reclutamiento, nombramiento y promoción de maestros; su comportamiento (ausentismo, plazas fantasma, obtención de honorarios ilegales); contratos para la construcción de escuelas; producción y distribución de libros de textos; alimentación; fraude académico, etc. El enfoque difiere de país a país”, enfatiza vía electrónica Muriel Poisson, coautora de la investigación, junto a Jacques Hallak.
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